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Nunca, pero nunca soñé que disfrutaría tanto leyendo un libro sobre un suceso de la Historia Universal salido de la pluma de un autor español, y a semejante nivel. En la misma línea en boga las últimas décadas, de los periodistas que se dedican a la Historia con muy buen tino, como son Max Hastings o Laurence Rees (y otros) entre mis favoritos, no solo que Pedro J. Ramírez puede situarse sin desmedro en su honrosa compañía, sino que en mi opinión, incluso los supera por lejos.
El libro de Ramírez, pese a abarcar los sucesos acontecidos a lo largo de apenas cinco meses (desde el primero de Enero hasta el final de Mayo de 1793), es tan exhaustivo que consta de unas 1090 páginas de texto principal, más 160 páginas de notas interesantísimas; a lo largo de las cuales el autor va siguiendo y describiendo los sucesos al detalle, prácticamente minuto a minuto, mejor que si fuese un cronista contemporáneo. Incluso antes de leer sus fuentes citadas al final, en cada línea se aprecia que ha realizado una monumental labor de investigación previa, buscando y recopilando la información en todas las fuentes primarias disponibles; como ser las actas de todas las asambleas (Convención, Jacobinos, Cordeleros, Ayuntamiento, etc), la producción editorial de todos los periódicos de la época, de unas y otras tendencias, más las memorias de todos aquellos participantes del drama que pudieron o tuvieron a bien redactar sus memorias. Ha leído también a los más grandes analistas del período en cuestión, cuyas opiniones cita en ocasiones, a veces para argumentar contra ellas a continuación, en cuyo caso ganamos un par de enfoques analíticos diferentes.
No obstante, lo más habitual es que el autor se limite a desglosar los hechos, y ya nosotros mismos decidiremos formarnos nuestra opinión personal. Ganamos entonces la ventaja de que podemos opinar una vez que hemos visto expuesta la baraja al completo sobre la mesa. Lo que se llama opinar con fundamento.
Tengo muchos libros de Historia escritos por autores españoles; pero tengo que decir que al final son algo cansinos, ya que es muy raro sacarlos de España. Quiero decir: se suelen limitar a la historia local exclusivamente, regla tediosa que suele incluir hasta a los mejores autores, los más serios e interesantes, con contadísimas excepciones. Lo que significa que los autores españoles que honran mi biblioteca, están allí para ofrecerme títulos sobre aquellos aspectos de la historia española por los cuales me he interesado: como ser las expulsiones de judíos y musulmanes, la inquisición, la semana trágica, la segunda república, la guerra civil, y el período franquista. En cambio, al buscar material sobre temas de historia universal: como ser historia de la China imperial, de la URSS, Mao, la Segunda Guerra Mundial, etc, etc, etc, en esos casos es casi obvio que deberé leer libros traducidos de otros autores, en ocasiones franceses o alemanes, más generalmente británicos y norteamericanos. Ellos son más proclives a interesarse por todo sobre todo, lo mismo yo, no se encierran en su propia y encorsetada historia nacional. Por eso, además que por su nivel impresionante, es que Pedro J. Ramírez me ha sorprendido tan profunda y gratamente con este libro. En síntesis, deberé didicarle el mejor elogio que un Ratón de Biblioteca puede dictaminar sobre un libro: lo leí sobre ascuas, era muy difícil interrumpir la lectura, es de esos libros que te atrapan hasta el final, pero cuando por fin los concluyes, lo sientes como una pérdida y te dices: “¡qué lástima que no siga más!”
Pues eso: dado que el libro, muy merecidamente, va ya por su quinta edición, yo espero que eso estimule a su autor y nos dedique una continuación. El tomo siguiente con el “y qué pasó después”.

Yanushka era un huérfano de la guerra cuando llegó a la granja, solo pero no desamparado. Se tenía a sí mismo: a sus nueve años era de esa clase de niños madurados precozmente, muy resuelto y dueño de sí.
Le asignaron sus tareas como a todos los demás, y se abocó a cumplirlas con esmero. Pero casi de inmediato notó que el trabajo… no solo el suyo sino en general: el trabajo de aquella granja era desesperadamente ineficiente. Y no necesitó pensarlo mucho para encontrar la causa: ¡faltaba un tractor! ¿Cómo realizar las labores granjeriles sin tractor?
¡Pero había un tractor! No importaba hacia dónde se dirigiese, Yanushka siempre lo veía allí, contrastando contra un fondo de malezas ralas del camino desgreñado: rojo y con vetas de óxido, pero imponente en su apariencia de sólida mecánica.
-Déjalo, jovencito. No funciona –le desanimó con cansada apatía uno de esos típicos viejos del lugar, la clásica cáscara gris y agrietada que parece moverse apenas sí por inercia, porque alguien le dio un pequeño empujoncito en el día de nacer.
Pero al tercer día de su estancia en la granja, Yanushka decidió comprobarlo por sí mismo. Su padre le había enseñado a conducirlos, así que se encaramó al tractor con la agilidad del experto, lo puso en marcha y el rojo armatoste le respondió. ¡Sí funcionaba! Yanushka sentía que tocaba el cielo con las manos. Se puso a recorrer la granja, victorioso sobre su enorme y ruidoso tractor rojo. Pero cuando quiso aparcarlo comprendió por fin la apática objeción del viejo: aquel monstruo era incapaz de detenerse.
-¡No tiene frenos! –Se dijo Yanushka con espanto- Si no consigo frenarlo, mataré a alguien o me lastimaré yo.
Sin embargo, enseguida encontró la solución: por supuesto, a partir de ahora evitaría acelerarlo. Pero además empezó a conducirlo por terrenos accidentados, de modo que los obstáculos del camino lo fuesen deteniendo gradualmente. Al final, con paciencia no exenta de tensión contenida, lo consiguió. Se apeó de inmediato y salió en busca de un mecánico…
Pronto y sin necesidad de alejarse demasiado, lo encontró en su propia granja. Pero, para su decepción, al instante constató que aquel no estaba por la labor. ¿Para qué molestarse? Aquí, cada cual tenía una limitada y restringida asignación de responsabilidades, un cupo mínimo que cumplir al cual se atenían. Nadie movía un dedo por hacer nada adicional. Y a él no le pagarían ni un centavo de más por reparar los frenos del tractor. Luego, ¿para qué molestarse? Pero si Yanushka le pagaba, entonces lo haría con gusto.
No. Yanushka no podía pagar. No tenía con qué hacerlo. No tenía nada, salvo las migajas de pan, la sopa amarga y el frío alojamiento que le daban a cambio de su trabajo, como a todos los demás. Y además, ¿por qué debería pagar él solo y de su propio esfuerzo, algo de lo que posiblemente, de inmediato se aprovecharían todos los demás? De súbito entendió el secreto de la supervivencia: limitarse a las tareas asignadas, cumplirlas con lo justo y holgar a continuación. Porque cualquier esfuerzo adicional que hiciera no redundaría en beneficio propio, sino que serviría para alimentar a los infaltables enjambres de parásitos merodeadores procedentes de la ciudad. Trabajara mucho o poco, a él no le darían más que su cupo establecido. Luego, no valía la pena esforzarse más.
Así fue como Yanushka, huérfano de la guerra, en la gran batalla emprendida por el régimen contra el espíritu humano, perdió. No ya los frenos, sino el motor. Y a su precoz edad de nueve años se transformó en un tierno calco de aquel viejo gris y ajado, uno de esos seres que se mueven apenas sí por inercia, porque alguien les dio un pequeño empujoncito en el día de nacer…

El Talmud no es ni ha sido jamás un libro hermético ni secreto. Sí ha sido poco accesible a lo largo de las generaciones, a causa de haber sido redactado en un idioma prácticamente desconocido por el público no-judío, como lo es el Arameo. Sin embargo, goza o adolece (según se mire) de cierto halo de misterio, inducido más que nada por los diversos líbelos de que fue víctima con el devenir de la Historia. Líbelos de origen eclesiástico primero, y líbelos de origen judeófobo-nazista más tarde.

Quema del Talmud

Quema del Talmud

Espero que disfruteis el documental, y que contribuya a quitaros muchas intrigas.

Ver y/o descargar (gratis) en StageVu: El Talmud.

Mi buena amiga española, para quien en principio fueron redactados estos artículos, me respondió objetando que el “discurso de Shylock” siempre le pareció grandioso. Y que además, no es la única en sentir así… Reproduzco pues dicho monólogo, en el cual deberé concentrar mi análisis a continuación:

SOY JUDÍO
¿ACASO UN JUDÍO NO TIENE OJOS?
¿NO TIENE UN JUDÍO MANOS, ÓRGANOS, DIMENSIONES, SENTIDOS, AFFECCIONES, PASIONES?
¿ALIMENTADO CON LA MISMA COMIDA
HERIDO CON LAS MISMAS ARMAS
SUJETO A LAS MISMAS ENFERMEDADES
CURADO POR LOS MISMOS MEDIOS
CALENTADO Y ENFRIADO POR EL MISMO INVIERNO Y VERANO
QUE UN CRISTIANO?
SI NOS PINCHÁIS, ¿NO SANGRAMOS?
SI NOS HACÉIS COSQUILLAS, ¿NO NOS REIMOS?
SI NOS ENVENENÁIS, ¿NO MORIMOS?
Y SI NOS HACÉIS MAL, ¿NO NOS VENGAREMOS?

En mi opinión pues, el discurso que W. Sh. pone en boca de su horrendo personaje presenta, en efecto, graves errores. Se podría decir que todo está casi bien, si no fuera por 2 detalles:
1)- W. Sh. apenas llega a plantearse que “los judíos” puedan abrigar además, EMOCIONES Y SENTIMIENTOS POSITIVOS. Será curioso, pero eso no se le pasa por la cabeza de manera convincente. El discurso de Shylock se aproximaría un poco más a la realidad, si expresase la no-monstruosidad del judío recordando a los Xtianos que los judíos también tienen hijos, también aman, también siembran, también desean el bien a la Humanidad en su conjunto,

y además hacen lo que pueden en ese sentido a pesar de que esa Humanidad no siempre les retribuye con gratitud.
2)- A la postre, el argumento del Mercader se centra en la última cuestión, que es la más terrible y la que más miedos despierta

desde el punto de vista Xtiano: “Y SI NOS HACÉIS MAL, ¿NO NOS VENGAREMOS?Tienes que entender que gran pàrte de la judeofobia de todas las épocas se cimenta precisamente en este temor que consciente o incosncientemente, abrigan los Xtianos: de que algún día los judíos decidan vengarse por tantas humillaciones, torturas, expolios y asesinatos sufridos. Y como cada cual siente qué él mismo y por sí mismo nada tiene que ver con lo que “otros” Xtianos hayan hecho en el pasado o en otros lugares, por ende cada cual teme ser la futura víctima inocente de “los judíos”, cuando decidan vengarse de las violencias que recibieron de manos de los “malos” Xtianos.
Los Xtianos en general y Europa en particular tienen muy mala conciencia. Por eso mismo, les aterra la posibilidad de que los judíos quieran vengarse un día. La mayoría no se atreven a reconocer los errores del pasado, precisamente por el temor de que los judíos lo vean como una justificación para aprovecharse de ellos a continuación, extorsionándolos o algo peor… Esto es lo que están diciendo, sin ir más lejos, los “revisionistas” del Holocausto. Ellos dicen: “con la excusa del Holocausto, los judíos nos están extorsionando“. En consecuencia, niegan el pasado Holocausto mientras predican el próximo Holocausto (tiene su lógica: si exterminamos a todos los judíos, ya no se podrán vengar. Así es como el temor a una hipotética venganza judía en el futuro, genera la necesidad imperiosa de exterminar a los judíos cuanto antes).

En la práctica, lo cierto es que hasta la fecha los judíos no han hecho ningún plan ni movimiento conjunto tendiente a “vengarse”. Y eso que motivos de peso, nunca les faltaron. Por eso dije en mi mensaje anterior, que quienes de hecho no habrían podido contenerse y se habrían vengado con salvaje crueldad, de estar en la situación de los judíos, son precisamente los Xtianos… Shylock es por lo tanto, un Xtiano puesto en los zapatos del odiadio judío durante unos segundos. Y lo que dice es lo que el Xtiano sentiría y desearía hacer de estar en su lugar. Pero puesto bajo el examen de la Historia, no representa en absoluto lo que han hecho o sentido los propios judíos…

No sé si leíste realmente el Mercader de principio a fin, o solo leíste ese monólogo citado en algún lugar, y por eso tu impresión acabó siendo tan injustificadamente favorable… Pero permíteme recordarte que del discurso de Shylock, lo único que el personaje lleva a la práctica no es su humanidad, sino su sangrienta y diabólica sed de venganza. En el Mercader, Shylock se quiere ensañar precisamente con un personaje que en principio es completamente inocente, ajeno al asunto. Y lo hace de una manera que, no es de extrañar, recuerda demasiado sospechosamente los llamados “líbelos de sangre“: Shylock desea concederse el discutible placer de arrancarle un pedacito del corazón a su inocente víctima. Y es mediante esta macabra triquiñuela shakesperiana que, pese a que el grupo de jóvenes héroes Xtianos de hecho ESTAFAN al viejo judío (nótese la oposición, que dudo sea fruto del azar), el final es “feliz”: han triunfado “la justicia, el amor y el espíritu de juventud” Xtianos, sobre “la iniquidad, el odio y la vetustosidad” judíos…

 

 

 

 

Líbelo de Sangre: los "pérfidos" judíos jamás hicieron esto a NINGÚN Xtiano. Pero con la excusa de esta macabra leyenda, los "caritativos" Xtianos han cometido crueladades peores contra millones de judíos, incluídos sus niños.

Líbelo de Sangre: los "pérfidos" judíos jamás hicieron esto a NINGÚN Xtiano. Pero con la excusa de esta macabra leyenda, los "caritativos" Xtianos han cometido crueladades peores contra millones de judíos, incluídos sus niños.

Moraleja: a ciertos personajes hay que diseccionarlos en mucha mayor profundidad de la que parecen merecer a simple vista.

 

 

-Domovilu-.

Tras publicar el Post anterior, seguí pensando un poco más sobre este tema de Shylock. Entonces caí en la cuenta de que el simpático grupito de jóvenes Xtianos que protagonizan el drama, lo que hacen a fin de cuentas es ESTAFAR al judío. Al final le han arrancado una enorme suma de dinero que jamás le devolvieron. Da la impresión que desde el principio, lo que buscaban era tomar sin devolver. O sea, ROBARLE.


Ahora bien: si un judío roba o estafa a un Xtiano, ¿qué no se dice de él? Pero si Xtianos roban o estafan a judíos, ¡eso está bien! ¡Eso demuestra que son brillantes, inteligentes, astutos, traviesos, simpáticos, dignos de aplauso y reverencia! Releyendo el drama con meticulosidad, no hay absolutamente ningún juicio negativo del autor hacia sus personajes por la estafa que acaban cometiendo. Es un final feliz. A fuer de W. Sh., estos personajes y sus métodos son irreprochables: LOABLES…

Caer en la cuenta del doble rasero moral aquí presente, por demás característico en la literatura (¿y por ende, en la mentalidad?) europea, me hizo recordar por asociación un hecho similar, narrado en el Cantar del Mío Cid. La obra lírica, que se desahace en elogios para con las virtudes caballerescas del Cid, al que considera íntegro y sin tacha, contiene una escena en que el Cid estafa a un amigo judío al que, nuevamente, consigue arrancarle una enorme suma de dinero en calidad de “prestamo” con la intención de no devolverla jamás. Dicho y hecho: el Cid no devuelve el dinero (obvio). Y eso es prueba de su inteligencia y brillantez. Claro que si hubiese sido a la inversa, habría que ver si al judío se le festejaría tal demostración de “sana picardía”…

¿Y entonces?
Entonces tenemos el líbelo por una parte, y la cruda realidad por la otra. Según el líbelo, un Xtiano (desde ya asumido como la más pura encarnación del bien, la belleza, la bondad, la misericordia y la virtud) no puede confiar en un judío, porque el último es astuto, mentiroso, avaro, cruel, estafador… En la práctica vemos que son los judíos quienes no pueden fiarse de los Xtianos, porque hasta los más virtuosos y “caballerescos” de ellos los estafarán apenas se les presente la oportunidad. ¡Y todavía se jactarán de ello!

Y en definitiva, eso demuestra que el líbelo existe para justificar la perversidad Xtiana REAL, con la excusa de una inexistente perfidia judía, teóricamente mayor pero meramente mitológica, que solo existe en la imaginación de los verdugos que, no obstante su violencia asesina, se quieren sentir pobres e inocentes víctimas. El mundo patas arriba.

Estas reflexiones sobre obras literarias tan antiguas carecerían de importancia, si no fuese porque el mundo no ha cambiado nada desde entonces. Solo la cáscara es diferente. Por dentro, la gente sigue pensando y reaccionando según los mismos patrones de antaño.

Él "Shylock" más feo que encontré en la Web. ¿Quedan dudas del carácter judeófobo del personaje?

Él "Shylock" más feo que encontré en la Web. ¿Quedan dudas del carácter judeófobo del personaje?

Recuerdo que leí el Mercader de Venecia, sin saber de qué venía la cosa, hará un par de años. Las escenas con el Shylock ese me parecieron repugnantes: no sé si equipararlo al odioso personaje Fagín (el judío malvado de “Oliver Twist”, de Charles Dickens) o si  considerarlo peor. Hasta el nombre es estrafalario. Jamás oí semejante nombre judío, “shylock“. No tengo idea de qué pueda ser, ni en qué idioma. Pero si existe la palabra, aunque sea por asociación fonética, y el Sr. William lo sabía, apostaría lo que quieras que la palabra no significa nada agradable. Seguro.


Este Shylock de Shakespeare es curioso por partida doble: si te fijas, en la época de W. Sh., Inglaterra llevaba varios siglos “Judenrein“, y lo seguiría siendo por bastantes años más…


Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en el año 1290 (tras sufrir una serie de pogroms y ejecuciones masivas escalofriantes). W. Sh., por su parte, vivió entre los años 1564-1616. Y en lo que respecta a los judíos, solo fueron readmitidos en Inglaterra a partir de 1650… O sea que el caso Shylock es interesante, pues tienes aquí un mito judeofóbico, basado en los clásicos líbelos demonizantes judeofóbicos, de parte de un autor especialmente laudeado (W. Sh. es a las letras inglesas lo que Cervantes a las españolas), pero en un país sin judíos. En menos palabras: la judeofobia no necesita judíos para perpetuarse. Y eso demuestra que la judeofobia es una enfermedad que nada tiene que ver con los judíos reales de carne y hueso. Cualesquiera sean sus causas, no hay que buscarlas en los judíos, sino en los propios judeófobos.


Volviendo a Shylock, es un personaje monstruoso. O por lo menos, así me lo pareció cuando leí el “Mercader” por primera vez. Sencillamente monstruoso. No obstante, pienso que muy posiblemente un Xtiano, puesto en la piel del judío pensaría y reaccionaría como él. ¿Por qué? Porque también cuando no tuvieron ningún motivo, se ensañaron con los judíos por pura diversión cada vez que pudieron. Los judíos en cambio, sin importar en este caso por qué, el hecho es que han demostrado tener una paciencia formidable, y una capacidad de resistir sin devolver con la misma moneda, digna de admiración.


Definitivamente, Shylock no es un personaje judío. Es más bien el calco de lo que habría sentido, pensado y querido hacer un Xtiano, si por un momento lo hubiesen obligado a ponerse en los zapatos del judío. Y esa, a mi entender, es una dirferencia abismal…

-Domovilu-.