Haciendo memoria:

El último reino musulmán de la península ibérica se rindió el 2 de Enero de 1492. Los judíos, que habían cooperado activamente con los cristianos en su labor de reconquista, fueron expulsados de los reinos españoles el 10 de Agosto de 1492. En cambio los moriscos, quienes constituían una población díscola y quintacolumista, fueron expulsados de los reinos de España recién en 1613, entre grandes muestras de conmiseración general. La prolongada tolerancia demostrada por España hacia sus problemáticos moriscos, constituye la mayor acusación contra su brutal e infundada intolerancia para con sus sumisos judíos.

 Más recientemente:

“Eichmann se quejó repetidamente ante el tribunal de Jerusalén, de que no había habido ni un solo país que estuviera dispuesto a aceptar sin más a los judíos; y esto, solo esto, fue la causa de la gran catástrofe. (¡Como si aquellos estados nacionales europeos, tan refinadamente organizados, hubieran podido reaccionar de un modo distinto, en el caso de que cualquier otro grupo de extranjeros hubiera llegado al país, como una horda de individuos sin un céntimo, sin pasaporte y sin conocer el idioma nacional!)” (Hannah Arendt, “Eichman en Jerusalén”, Cap. IX)

La señora Arendt daba por válido pues, el mezquino argumento esgrimido por las naciones “civilizadas” durante la Conferencia de Evian. Sin embargo, la reciente invasión de “refugiados” musulmanes (mucho más que una “horda”, y muchos menos adaptados al estilo de vida europeo que el puñado de judíos alemanes de que se trataba cuando dichos países se negaron en rotundo a recibirlos) echa a tierra por fin, tan mendaz como falsa excusa. Una vez más, la magnánima tolerancia de los europeos para con los inadaptados musulmanes que invaden sus países y se comportan con prepotencia y desdén para con sus anfitriones, constituye la mayor acusación contra su brutal y genocida persecución de sus pacíficos judíos.

De hecho, una cosa trae la otra. Una y otra vez, tanto hoy como ayer, las naciones occidentales escogen solidarizarse con los musulmanes como modo extremo de expresar su rechazo a los judíos. Ayer fueron a la guerra total, se mataron y destruyeron a sí mismos de la manera más monstruosa imaginable, en aras de su antijudaísmo. Hoy, sumidos en un invierno demográfico sin precedentes, rematan su suicidio cultural decidiendo que los más idóneos para heredar el viejo continente, son sus queridísimos hermanos musulmanes. Les aguarda una vejez indigna, pues a medida que la población europea original vaya reduciéndose y debilitándose, y la población musulmana reciente vaya aumentando y fortaleciéndose, lo obvio y natural será que los últimos impondrán sus leyes por la fuerza. Y esas leyes, hoy por hoy, significan que el infiel debe someterse o morir.

Europa se halla a un paso de pagar sus crímenes milenarios. Lo hará por propia y deliberada decisión. Y no habrá quién llore su desgracia.

Changement-X

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