Ahora que nos hemos atiborrado con cantidades colosales de amor y paz (y nada más con esta crisis: esta vez estoy segura de que la celebración ha sido de lo más platónica y “espiritual”, jé, jé), por fin podemos ponernos manos a la obra, y llevar ese amor y esa paz al mundo entero, para que brillen radientes en una nueva era de maravillosa hermandad universal. No es nada difícil, sabéis. Pero si estáis algo confundidos y poco seguros de cómo se lleva a cabo la tarea, aquí os dejo con estos simpatiquísimos monjes vecinos míos, que os darán una edificante demostración.
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El amor xtiano lleva 2.000 años irradiando su luz al mundo, y cada día que pasa las cosas están peor en este desgraciado planeta nuestro. ¿No viene llegando la hora de que los buenos xtianos se dejen de festejar lo que nunca han hecho, y se detengan a reflexionar en qué han fallado? Un poco menos de soberbia, señores, y un poco más de humildad. A ver cuándo llega ese bendito amor a concretarse en la práctica. Porque de lo otro, sabéis, hay algunos inconformistas como yo que ya estamos hastiados.
-Domovilu-.
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